ISSN: 1989-9564
Dos son las aplicaciones de la lectura que deberíamos trabajar en nuestras aulas. De un lado, presentarla como camino de aprendizaje. Por otro lado, deberíamos enseñar a disfrutarla como una actividad capaz por sí misma de reportar disfrute a quien lee.
Pero siendo realistas ¿cuánto tiempo dedicamos a desarrollar esta segunda posibilidad? Francamente poco, y más, si tenemos en cuenta que hay quien piensa que está animando a leer, mientras que lo único que hace es instruir a su alumnado para que realice ejercicios morfosintácticos con las tristes palabras de un pobre libro frustrado.




























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